Para mi, este capítulo es interesante. Tenía muchas ganas de escribirlo y publicarlo. Espero que lo disfruteis tanto como María y yo. Ü
África's POV.
Ahí seguíamos plantados los dos. Estaba comenzando a atardecer y lo único que podíamos ver era la fachada de un viejo edificio.
-Tom...- iba a decir yo
-Sh.- me mandó a callar, poniendo su mano sobre mis labios.- Ahora.- dijo.
Lo miré curiosa, tomó mi mano y a paso muy ligero nos a proximamos a doblar la esquina del edificio antes mencionado. Madre mia. No podía creerme lo que tenía ante mis ojos. Me encontré de pie, de la mano de Tom Fletcher ante un pequeño paseo totalmente desierto, con árboles iluminados por bombillas azules, pequeñas y dos puestecitos más adelante que conducía al London Eye. Si, al final de ese paseo se encontraba la famosa noria. Estaba asombrada, no sabía como reaccionar. Me limité a mirar a Tom.
-Tom... Esto es...- no podía hablar, estaba tán alucinada...
Él me agarró con fuerza la mano y a paso más ligero aún, caminamos por aquél paseo hasta llegar al final. Estábamos a los pies de ese enorme cacharro. Un hombre nos esperaba de pie. Le dijo algo a Tom y nos abrió una cabina para entrar. El sol bajaba cada vez más, se ponía lentamente. Una vez dentro, noté que aquello se empezaba a mover.
-¡Tom!- le dije
-¿Tienes miedo?- me preguntó.- ¿Aviso para que lo paren?
-No, no es eso...
-¿Entonces?
-¿Qué hacemos aquí? ¡Nos movemos!- exclamé
-Pues claro, esto es una noria...- rió Tom
-Me refiero a...
-Shhh...- me volvió a cortar.- Espera a estar arriba del todo.
Las vistas eran alucinantes. Londres iba quedandose cada vez más abajo, esa sensación de volar era indescriptible. El sol bajaba conforme nosotros subíamos.
-Dios mio...- dije.-
Y es que si, estaba viendo la puesta de sol, subiendo en una cabina del London Eye junto con una de las personas a las que yo más admiraba, mi ídolo. Pocos segundos mas tarde la noria se paró. Estábamos arriba del todo.
-Antes de que digas nada...- comenzó a explicar Tom.- esto no se ha roto ni nada por el estilo.- rió.- Está parado porque así lo he pedido.
-No entiendo nada...- me sonrojé
-Pues yo te lo explico.- me dijo él.- ¿Qué obervas? A parte de la poca luz que queda de sol escondiendose y la ciudad de Londres.
-Pues...- reflexioné.- A ti.
-Además de a mi...- rió Tom
Me quedé pensativa. Miré a mi alrededor. Por Dios, como quería este hombre que pensara en nada estando donde estaba...
-África, ¿hay alguien más en la noria montado?- preguntó vación
Pensé un segundo, mientras echaba un vistazo rápido a las demás cabinas. ¡Madre de Dios! ¡La demás cabinas estaban vacías! ¡Ni una sola llevaba gente a bordo! Y entre unas cosas y otras me di cuenta de que el paseo por el que habíamos accedido hasta la noria, que ya se veía diminuto a lo lejos, estaba vacío también. Sin embargo, se divisaba el movimiento de gente y coches, casi inapreciables por la ciudad. Las luces de las grandes construcciones, la iluminación del Big Ben... entre otras cosas habituales en una inmensa ciudad tras el atardecer. El propio London Eye también estaba iluminado. Volví a mirar el acceso por el que habiamos acudido. Nadie, ni un alma, pero a unos metros, la civilización volvía a cobrar vida. No lo entendía. Miré a Tom temblando de emoción.
-No, no hay nadie más.- esbocé una sonrisa enorme y nerviosa.
-¿Por qué crees que es?- preguntó simpático
-No... No lo sé.- dije
-Esta bien.. comenzó a explicarme.- Moví algunos hilos y conseguí el London Eye solo para nosotros durante una hora y media. Así podríamos ver el atardecer desde lo más alto, y contemplar como se apagaba el sol mientras se encendía la ciudad.- Me miró contento.
Yo no cabía en mi misma. En ese instante hubiera gritado, saltado, reído como una estúpida loca en un imposible sueño, pero mi cuerpo estaba paralizado. Cuando reaccioné, unos segundos más tarde, lo único que se me ocurrió fue abrazarlo.
-¿Me estás diciendo que has conseguido la noria solo y exclusivamente para nosotros?- pregunté incrédula mientras separaba mi cuerpo del suyo.
-Así es.- respondió.- Y no solo la noria, sino el paseo por el que hemos llegado hasta aquí. No podía arriesgarme a que hubiera fotógrafos y paparazzis. Todo esto es nuestro ahora mismo.- Me dijo señalando esa estructura blanca.
-Tom... esto es... lo más bonito que han hecho jamás por mi, de verdad.- respondí dandole otro enorme abrazo.- Que por cierto, si teníamos una hora y media... ¿qué hora es?
-Tranquila, que aún nos quedan tres cuartos de hora aquí arriba. Pero vamos, que podemos bajar cuando quieras.
-No, tranquilo, me encanta esta sensación de flotar en la nada.- dije mirando la elegante ciudad. Él me observaba justo detrás de mi.
-¿Sabes que me encanta a mi?- preguntó acercandose y rodeando mi cintura con su brazo. Me miraba muy de cerca.
-Dime...- dije sin girar la cara.
Tenía miedo a lo que pudiera pasar, se me pasaron por la cabeza las apuestas de los chicos y mis amigas. Sabía que Tom no iba a forzar nada, se adaptaría a mis sentimientos, pero tenía la sensación de que iba a ocurrir algo. Me giré quedandome a unos centímetros de Tom, sus brazos apoyados en la barandilla que tenía la cabina rodeaban mi cintura, sin tocarla. Supongo que en ese momento me asusté. Ladeé la cara, separé su brazo de mi y me aparté. Acababa de desperdiciar la oportunidad más bonita de mi vida, pero estaba confusa. Unos meses antes me hubieran dicho eso y, conociendome, hubiera dicho algo como: "Si, ojalá. Anda que no le daría yo besos a Tom si lo tuvier ahí delante..." Pero joder, ese momento había llegado y yo me aparté. Agaché la cabeza. No sabía que decirle, se pensaría que era idiota. Me sentía fatal, de repente quería salir corriendo y perderme. Quería llorar. Pero me di cuenta de que él estaba allí por mi, yo por él. Había hecho todo eso para darme una sorpresa. Estábamos a muchos metros de altura no podía huir. No quería, en el fondo no quería huir.
Por fin levanté la cabeza de nuevo, antes de poder mirarle la cara ya me estaba abrazando.
-...me encanta tenerte conmigo.- dijo sonriente
Vaya, parecía que no le había molestado ese gesto de desprecio que hice casi sin querer. Mi intención no era joderlo, ni mucho menos. Me resultó un alivio que no me guardara reencor por ello. Aunque pensandolo... aún quedaba noche. Íbamos a salir a cenar y todo.
-Nos queda media hora aquí.- dijo.- ¿No te parece que deberíamos aprovecharla? Esto no pasa todos los días...- dijo con una leve sonrisa.
Oh, por favor, que imbécil yo. Volvía a asustarme y no sé por qué. Nunca me había pasado con el resto de los chicos con los que había salido. Vale, que ninguno de ellos formaba parte de mi grupo favorito pero joder, yo trataba de llevar ese tema con tranquilidad.
-¿Qué...? ?Qué propones?- pregunté nerviosa y asustada por la respuesta que pudiera darme
-Bailar.- se limitó a decir.
He de confesar que volví a aliviarme al escuchar esa respuesta. Bailar, qué facil, por favor. Bailar... Si quería bailar, bailaríamos.
-¿Bailar?- reí.- ¿Pero aquí?
-Nunca he bailado con nadie en una noria, ¿y tú?- preguntó con una carcajada
-No, tampoco...- reí de nuevo
Puso su mano derecha en mi cintura y con la izquierda tomó mi derecha. Mi izquierda a su vez estába sobre su hombro derecho.
-¿Un vals?- me preguntó dudoso
-Ah... pues si me enseñas...- sonreí
-Un pie delante, ahora ese hacia atrás...-
Tom me iba indicando los pasos. Los dos reíamos, lo pisé un par de veces. Me perdonba todas, tan mooono... Al final hicimos un intento de baile. Fue muy divertido, en un espacio relativamente pequeño, en las alturas, divisando Londres... ¿bailar? Era de locos. Y me encantaba. La noria comenzó a descender.
-Se acabó lo bueno...- dije
-No te creas.- me guiñó un ojo.
Dios. ¿Qué más iba a hacer? ¿Le parecía poco reservar el London Eye solo para nosotros? Yo pensaba.
-Bueno, puede que te decepcione, esto era lo mejor que tenía hoy planeado...- se explicó Tom
-¡Eh!- exclamé.- Que aunque me lleves debajo de un puente, este día será inolvidable.
Me apretó la mano. Era tan única esa sensación... De repente yo paré en seco. Me acordé de algo que le interesaría, aunque no le gustaría mucho.
-¿Por qué paras?- preguntó riendo
-Es que hay algo que tienes que saber de mi, y no va a gustarte...- dije. Se puso más serio.
-¿Qué es?- dijo
-Tom a mi...- empecé.- A mi no me gustan los gatos.- dije finalmente algo incómoda por la situación.
-Oh... entiendo. Entonces supongo que no querrás conocer a Marv...
-No, bueno... Podría conocerlos pero... Que sepas que no me gustan.- terminé por decir, intuyendo la respuesta que me había dado.- Verás; ni los gatos, ni los perros... ¡ni las iguanas! ¡o lagartos! ¡o lo que sea que tenga Dougie!- reí
-Bueno... Ya decía yo que no podías ser tan perfecta...
-Oh, venga, no seas tonto...
-Bueno, eso ahora no importa, aunque gracias por el aviso- dijo tirando de nuevo de mi brazo. Vamos a cenar.
Me llevó a un restaurante muy clásico inglés, pero no demasiado sofisticado. Cenamos algo y entré un segundo al baño. Estando dentro, Tom me mandó un mensaje: "te espero fuera, en el banquito que hay al lado opuesto del edificio. tranquila, no tiene perdida. me he ido porque me han hecho algunas fotos, hay paparazzis por ahí dentro asi que ten cuidado que no sé si nos han visto juntos. por cierto, que ya he pagado hahaha xx".
Esto era un no parar. No sabía que hacer. Me miré un segundo al espejo y me dije: "África, tú puedes" un par de veces, para autoconvencerme de la situación. Salí orgullosa del aseo. Un flash me impactó pocos segundos más tarde. Mierda, un fotógrafo. Mi mente loca no pensó otra cosa que en correr. Salí de allí pitando. Notaba como me perseguían, escuchaba el ruido que hacían las cámaras al disparar e incluso algunos me decían cosas como: "te hemos visto con Tom Fletcher". Lo odié un instante por haberme metido en semejante follón, pero era él, así que se me pasó. Continuaba corriendo. Dios, los tacones no eran buenos para esto. Giré las dos esquinas. Estaba al otro lado del edificio, dónde supuestamente Tom me esperaba. Había bancos, si, pero estaban vacíos. Un escalofrío me recorrió el cuerpo: estaba sola. O eso creía. Me giré. "¡Allí!" gritaron, y comenzaron a perseguirme de nuevo. De repente, vi la cara de Tom asomar tras una pared y por tercera vez en la noche, me sentí aliviada. Corrí, ahora si, con más fuerzas, como si se me fuera la vida en ello. La mano de Tom tiró de mi. Estábamos en un callejón oscuro, sin salida, escondiéndonos de los fotógrafos. Esto era de locos.
-Lo siento...- se disculpó Tom.
Aquello estaba estrecho, su mano y la mia permanecían unidas, respirabamos fuerte. Había corrido mucho, rodear ese edificio tan grande costaba. Y mas con tacón. Cuando nos aseguramos de que no había nadie más allí, salimos de nuestro escondite.
Caminamos un poco y... ¡mierda! Otro paparazzi sentado en un banco. Al menos era el único. Un segundo antes de disparar la foto Tom trató de convencerlo de que no lo hiciera, este hizo como que se lo pensaba... mientras tanto yo me tapé la cara con las manos, segía de pie junto a Tom. Finalmente el paparazzi hizo caso omiso de Tom y disparó varios flashes contra nosotros. Corrimos de nuevo. Más de la cuenta, pues hubo un momento en el que sabíamos con certeza que ya si que no había nadie más allí, pero el simple hecho de huír de algo juntos nos apasionaba. Paramos a descansar. Nos sentamos en un bordillo. Respirabamos cansados.
-Uf... ¡qué dia!- dije
-Te mancharás el vestido...- rió Tom
-Bah...- contesté. Hubiera matado por ese vestido pero consideraba que en ese momento la situación merecía más la pena.
-Estamos ágiles, ¿eh?- preguntó riendo.
-Ya te digo...- continué intentando todavía recuperar la respiración.
Reíamos los dos, a carcajadas. No podíamos parar nos lo estábamos pasando genial. ¡Que de cosas habían ocurrido! Tenía mucho que contarle a las chicas... Y hablando de ellas: ¿¡Qué hora era!? Mierda, las una y media de la madrugada. Estarían preocupadas, aunque por otro lado... si fuer así me hubieran llamado... Me despreocupé un segundo más. Tom me miraba de cerca, sonriendo. Dios, su hoyuelo me mataba de amor. Poco a poco se acercó a mi, hasta que nuestros labios se rozaron muy levemente pero no llegó a más porque yo me separé otra vez. Pero esta, sin miedo, sin asustarme. Solo quería dejarlo con ganas. Mala, si, pero tampoco estaba segura de qué quería, y ahora que ya sabía que se adaptaría a mi, quería disfrutar cada momento junto a él.
-¡Es tarde!- dije riendome
-Vamos, que te acerco- rió también
Por el camino pensé que realmente, no había ocurrido nada. A penas había sentido sus labios con los mios. No se consideraba un beso, ni mucho menos. No había sido un beso, no había sido nada demasiado significativo. Me quebré la cabeza porque si no había sido un beso, Harry tendría que darme sus baquetas, y Dougie su púa. Ana tendría que comer pizza y Nora conservaría su bandera, pero de lo contrario... ¡Bah! no había un posible contrario, o una posible idea de que hubiera sido un beso. No lo fue y lo conté como tal. Había ganado la apuesta.
Al llegar Tom se limitó a abrazarme. Sabía que yo no había permitido que llegaramos a más y él no forzó nada. Me gustaba que fuera así.
-Mañana te espera otro atardecer conmigo, quedas avisada. A las cinco aquí.- dijo. Yo sonreí con más fuerza que nunca.
-Me lo he pasado ideal.- dije
-Yo también, ha sido muy divertido. Huír de la prensa contigo mola.- añadió.
Nos despedimos finalmente con otro abrazo. Se marchó. Subí a la habitación y como no, las dos marujas despiertas.
-Bruuuuujas, ¿qué haceis despiertas?- bromeé
-Ui, que pregunta...- dijo Nora.- Pues esperarte, ¿qué vamos a hacer?- rió
-Cuentanoslo TODO.- dijo Ana
-Pf, que va, estoy cansada voy a dormir. Mañana.- bostecé
-¿Hemos ganado la apuesta?- sonrió Ana ilusionada.
-Pueeeees...- me miraban inquietas.- Pues no. Te toca comer pizza.- reí subiendo las escaleras.
-¡Joder! Pues que putada...- rió Ana
Pensé en los demás. Los echaba de menos. Por la mañana iría a verlos, iríamos, si. La tres nos acostamos. Deseaba con todas mis fuerzas que el día siguiente llegara.
Pues este ha sido el esperado capítulo. Espero que os haya gustado tanto como a mi. Y os recuerdo: esto acaba de empezar. With love <3


No hay comentarios:
Publicar un comentario